Los años almodovarianos

Sube el IVA, la tensión, desaparecen gradualmente las salas de cine para dar paso a fríos multicines cada vez más difíciles de llenar. Desde que se fue la peseta se ha ido haciendo cada vez menos asiduo acudir al cine, darse ese placer que antaño era semanal o cuasisemanal. Es por ello, que cuando voy al cine, cuando me permito ese “lujo burgués” (ya no es tan acertada la catalogación “para todos los públicos”…), elijo muy bien. Si es cine español me satisface más disfrutarlo desde una butaca, también si tiene imponentes efectos especiales, pero qué decir cuando se trata de “una de Almodóvar” o, mejor dicho, de los Almodóvar. Siento una emoción y creo haber descubierto el por qué.

Al hablar de Almodóvar, quiero comenzar hablando de los hermanos Almodóvar porque Pedro es el que crea adicción o perturbación, es decir, el que crea marca, mito, debate y hasta un adjetivo de él mismo. Pero junto con Agustín, que cada vez está menos en la sombra y me alegro, hacen un tándem perfecto. Yo no dispongo de conocimientos suficientes para hablar de estos hermanos ni los pretendo tener; mis opiniones o mi juicio se basan en el trabajo que se ve desde la butaca. Como clienta de su marca. Como admiradora de su arte. Me gusta lo almodovariano, mucho. Y decir “mucho” es poco.

Este magnífico hacedor de cine ha creado personajes maravillosos, tiene la capacidad de hacer que la gente espere el estreno de su película con su posterior promoción y recogida de premios desde el momento en que nos hace saber que está escribiéndola. Se rodea de grandes actores, hace de las actrices soberbias interpretaciones (en algún caso sorprendente). No sé qué me gusta más: si la estética, la fotografía, la B.S.O., los guiones, los personajes, los actores, … No lo sé, es un todo, un estilo inconfundible.

O gusta mucho o no gusta nada. Y eso es lo genial. No pasa desapercibido. Y a quien no gusta nada, algo siempre le llama su atención. Y si no es así, hágamenlo saber.

Yo prometí no ser objetiva ni pudorosa con este post. No quiero serlo. A mi me gusta el cine almodovariano. No veo por qué no disfrutar de hablar de él como yo lo percibo. No voy a desentrañar la técnica de un cuadro de Monet, sino a disfrutar de su visión como espectadora. Voy a sentirme libre de almodovarizarme en estas líneas. Así que llegados a este punto están a tiempo de parar 😉

Hace poco vi una entrevista en su promoción de “Los amantes pasajeros” donde se definía como un director analógico. Entrevistaban también a algunos de los actores y lo definían como un director tremendamente exigente e infatigable pero lo decían con una orgullosa sonrisa en la cara. Eso dice mucho. Si se fijan, gran parte de su elenco es habitual. Eso me dice que debe ser gratificante para ambas partes. ¿Nos encontramos ante un director agradecido y fiel?

Quizá cuando un director crea tan altas expectativas con sus últimos trabajos alabados sobre todo fuera de nuestras fronteras (defecto made in Spain, que nos digan desde fuera lo que hacemos bien antes de darnos cuenta nosotros mismos), topar de repente con una película que te transporta de alguna manera al estilo inicial, decepcione a algunos. Es lógico. Quizá eso le suceda sobre todo a quienes lo descubrieron realmente en su etapa post-Oscar.

Nací en 1.982. La primera película que recuerdo haber visto de Pedro Almodóvar es “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. Yo era una niña y me llamó mucho la atención. A partir de ahí empecé a reconocerlo cuando en la tv reponían sus películas (las que se me permitían ver). Todas con la misma esencia.

Momentazos como Carmen Maura matando a su marido con la pata de jamón en “¿Qué he hecho yo para merecer esto!”, Marisa Paredes desesperada en la bañera diciendo <<Señor no creo en ti, pero ayúdame>> en “La flor de mi secreto”, Victoria Abril escuchando desde la cárcel a su madre por la radio en “Tacones lejanos”, Cecilia Roth soltando <<las mujeres somos gilipollas o boyeras>> en “Todo sobre mi madre”.

Y entonces llegó Hollywood.

Y no sería la última vez. El mundo miró hacia Castilla la Mancha y descubrieron un cine de autor al que hicieron hueco inmediatamente. Me gusta pensar que fue entonces cuando todos los que afirmaban categóricamente que en sus películas sólo salían <<putas o travestis>> (no sé cuántos minutos de película habrían llegado a ver) se preguntaron si no habría que darle una oportunidad. Y, ciertamente, cada vez oigo menos esa afirmación y cada vez conozco más gente que ve sus estrenos, gusten o no, pero crea curiosidad. Que no nos diga Hollywood lo que hacemos bien para creérnoslo, pero me alegro que nos haya traído unos cuantos momentos oscarizados a nuestra filmoteca ibérica. Yo no le doy las gracias por eso, ha hecho su trabajo y ha sido recompensado con honores (más fuera que dentro, insisto porque es un tema que se me atraganta). Yo le doy las gracias por esos retratos tan apasionantes que hace de las mujeres y por esas frases de cine que te calan.

Entonces vinieron unas mujeres impresionantes con “Volver”. Raimunda y su familia me dejaron con la boca abierta. Perfectas. Una película de 10.

“La concejala antropófaga”, un corto donde Carmen Machi se luce con un monólogo que no deja indiferente.

“La piel que habito” me encantó. Antonio Banderas, que me gusta siempre, se sale.

Y llegó a la película actual, “Los amantes pasajeros”. Comedia. Desternillante, alocada, maleducada, atrevida y muy divertida. Yo me lo pasé pipa, iba preparada para ver un Almodóvar pre-Oscar y, no es la mejor, pero si que merece la pena verla y divertirse. Se va a ver a Almodóvar y son pocos los directores que actúan como la llave que llama a público a las salas. Por eso lo he llamado “cine de autor”.

El número musical de los tres azafatos es divertidísimo. Los personajes, viajeros de la clase business de un avión destino México, son  a cada cual más diferentes entre sí.

No le busquen sentido, de hecho, yo lo he interpretado como un sinsentido que te transporta a la diversión de un modo un tanto extravangante. Diría que se abstengan las mentalidades sensibles y puritanas pero realmente aún les recomiendo más encarecidamente esta película.

Los tres azafatos son los personajes que soportan el peso de la comedia y en torno a los que giran los personajes corales. Tres loquísimas maravillosas. Raúl Arévalo me ha sorprendido aún más, Javier Cámara está más que estupendo y Carlos Areces tiene una gestualización perfecta para la comicidad.

El cameo de Penélope y Banderas es el desencadenante de la trama de la película.

Yo destacaría a Lola Dueñas que hace de una especia de medium enternecedoramente extraña.

Insisto que esta película es mejor tomársela como lo que es, una comedia con muchas caras conocidas. No le busquen sentido ni justificación, pásenselo bien, dénse ese gustazo.

Y disculpen mi absoluta falta de objetividad pero ha sido con premeditación y alevosía.

Ahora, a esperar el anuncio del próximo proyecto del calendario almodovariano. Que no haya un año en el que no sepamos de sus locas genialidades. Qué le voy a hacer, si crecí viendo sus personajes.

<<Cuando hago una película lo último que pienso es en el espectador, bastante tengo ya, no hay una neurona libre para pensar en otra cosa. Pero en el momento en que se ha terminado y se estrena, no pienso en otra cosa, hasta me quita el sueño.>>

<<Porque aunque parezca que el cine es el lenguaje por excelencia para sugerir, el lenguaje de los sueños, de lo irracional, para nada, el cine es muy muy objetivo: hay cosas que en una novela puedes pasar por alto pero que en la película tienes que mostrar.>>

 

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